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EL HUMANISMO MARCHA

Foto: Prensa Partido Humanista.

Política

EL HUMANISMO MARCHA

Estamos en la cuenta regresiva para el primero de febrero “1F”, día en que diversas organizaciones se movilizarán al Palacio de Tribunales bajo la consigna “Basta de Impunidad”, para exigir “el fin del lawfare”, repudiar “una Corte Suprema mafiosa” pero, también, reclamar por una Reforma Judicial.

En el ámbito político desde el Partido Humanista confirmaron su presencia y dijeron que marcharán con la consigna «Elección directa por voto popular de Jueces», aclarando que su participación será no será a favor del gobierno nacional ni en contra.

Sobre el tema Fernando Schüle, Secretario General del Partido expresa: “Los Humanistas consideramos que vivimos en una democracia “formal” y no “real” pues el Poder Judicial es el único de los tres Poderes -Ejecutivo y Legislativo son los otros dos- cuyos integrantes no son elegidos directamente por el voto popular lo que no garantiza una verdadera independencia de los otros dos poderes, y depende del poder político en su integración y en su accionar. Un tema tan delicado como lo es “hacer justicia” no puede, ni debe ser dependiente de intereses alejados de la justicia”.

La función de la Justicia por medio de los/as jueces/zas es juzgar, sentenciar y es responsable de la aplicación de las leyes que nos rigen. Tarea que no sólo no es poca sino que tiene que estar fuera de cualquier influencia para que se considere “justa e imparcial”, de allí que se representa a la justicia con los ojos vendados y una balanza en una de sus manos.

Por su parte el Economista Eduardo González Olguín explica: “Desde el Humanismo proponemos la elección de los jueces mediante el sufragio popular con la finalidad de promover la independencia del Poder Judicial y dar a estos funcionarios la posibilidad de revalidar su título periódicamente.

Propiciamos la reforma constitucional en tal sentido, que deje sin efecto el Consejo de la Magistratura, institución que en todo caso representa un parche para disimular una dependencia obsecuente, que con suerte cambia de signo político, pero que nada garantiza en términos de autonomía respecto de los otros poderes.

Lo que a los ojos de la mayoría pretende presentar como una institución que garantiza transparencia y autonomía en la designación de los miembros del Poder Judicial, hasta ahora ha demostrado que sigue quedando librado a “negociaciones” entre gobierno y “oposición oficial”, en el mejor de los casos.

El cambiar los miembros de la Suprema Corte de Justicia es sólo “pan para hoy y hambre para mañana” ya que bastará que cambie el color del partido gobernante para que nuevamente sea amoldada a las “nuevas necesidades” lo que la hace una medida de corto vuelo, además es una intromisión de un poder sobre otro lo que vulnera de manera explícita las bases de la independencia de Poderes en una Democracia. Es cierto también que para los Humanistas los miembros de la Suprema Corte fueron puestos a dedo para garantizar la impunidad y accionar de personas que han traído dolor y sufrimiento a los Argentinos y que no deberían estar en dicha función desde hace mucho tiempo, pero queremos una solución desde la raíz del problema.”

La independencia de la tan desprestigiada justicia sólo estará garantizada mediante el sufragio popular para la elección de sus integrantes; así, un juez/za lento, mediocre, funcional a políticos o corporaciones, por ejemplo, tendrá menos o nulas posibilidades de ser reelecto que un juez/a eficaz, imparcial, conocedor y respetuoso de los derechos humanos y las convenciones a que adhiera o adhiriera nuestro país respecto a género, habitad, violencia, guerras, discriminación, etc.

Es indispensable que seamos la ciudadanía la que elijamos a los jueces y juezas (de todas las instancias) entre candidatos abogados que hayan cursado la carrera judicial con formación especializada en el fuero donde se postule. ¿qué son hoy el decoro, la honorabilidad, la moral y las buenas costumbres? A lo mejor hay virtudes más “tangibles” como la coherencia, la honestidad, la imparcialidad entre otras para evaluar el accionar de los jueces y juezas.

Finalmente, Schüle expresa: “El sufragio popular debe ser el procedimiento claro e indiscutido, que evitará compromisos de los magistrados con el Presidente de la Nación o con legisladores, funcionarios o empresarios “amigos”, práctica habitual en estos tiempos.

Si bien la corrupción en el sistema judicial es el signo que permite su sostenimiento actual, no es menos cierto que existen jueces decentes, trabajadores, a los que es necesario dotar de los instrumentos que los habiliten a ejercer la justicia en pos de la construcción de una nación cuya base sea una Democracia Real.”

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