BÁSQUETBOL
DE CORAZÓN VERDE
En cada partido de Barrio Parque hay un trabajo silencioso que sostiene el juego desde otro lugar. Un rol clave, preciso y muchas veces invisible, que en el “Verde del Sur” tiene nombres propios: Mariela y Andrea, las hermanas planilleras, protagonistas de una historia atravesada por el básquet, el compromiso y un profundo sentido de pertenencia.
Mariela planilla desde hace 27 años. Su camino comenzó casi de manera casual, acompañando a su hermana, hasta que Barrio Parque se convirtió en su lugar en el mundo. “Más que un trabajo, es un pedacito de mi vida. Siento que soy parte del club”.
El básquet llegó a sus vidas desde muy chicas. “Juego al básquet desde los seis años, me llevó mi mamá. Después Andrea empezó con la planilla y ahí me sumé. Hasta el día de hoy seguimos jugando y compartiendo esto juntas”, recuerda Mariela. Esa pasión las llevó a vivir experiencias inolvidables, como planillar partidos de la Selección Argentina, con figuras históricas como Ginóbili, Scola y Nocioni, o ser parte del inolvidable ascenso de Parque en el Torneo Federal, incluso viajando a Concepción del Uruguay en una época en la que era la única mujer del staff.
Para Andrea, la planilla es mucho más que una función técnica; “Es de los trabajos que hago con mayor placer. Lo hago con mucha responsabilidad, pero sobre todo con disfrute. Me gusta y lo disfruto aún más compartiéndolo con mi hermana, viviendo juntas el mundo del básquet desde hace tantos años”.
Ese disfrute también se expresa en pequeños rituales que acompañan cada jornada. “El día del partido tenemos nuestro ritual: nos encontramos, compramos gomitas —siempre gomitas— y cada una tiene su cábala. Vivimos todo a flor de piel. Cuando el equipo sale a la cancha somos de las pocas que ya estamos ahí, aplaudiendo como las hinchas número uno”.
El paso del tiempo en el club les permitió ver crecer generaciones enteras. “Planillamos a chicos desde muy pequeños y hoy los vemos llegar a la Liga. Nos emociona muchísimo ver ese camino, porque sabemos que no es nada fácil”, coinciden. Incluso, la historia se repite: “Planillamos a Rivata de chico y ya pronto planillaremos a su hijo. Eso te marca todo lo que vivís en un club como Parque”.
Más allá de la competencia, de la Liga y de los resultados, ellas resaltan lo humano por sobre todo. “Cuando estás tantos años en un club, el básquet traspasa la cancha. Lo llevamos a la vida diaria, hablamos de básquet todo el tiempo y lo vivimos juntas”, expresa Andrea. Y Mariela lo resume con una frase que define el espíritu del “Verde del Sur”: “Inevitablemente, uno termina con el corazoncito verde”.
En Barrio Parque, el básquet se construye entre muchos. Y en esa construcción, historias como la de Mariela y Andrea reflejan que el club y los colores son mucho más que un equipo: es una familia.
Nota: Florencia Yacobelli.






















